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martes, 28 de abril de 2015

Horizontes sin fronteras...

Rafael Fernández Rubio
Dr. Ingeniero de Minas

Cuando uno tiene fundamentos para pensar que está cruzando últimos horizontes de su vida,… un acumulo de ideas, de percepciones, de ensueños, de nostalgias, de vivencias… se agolpan en las sienes, nublan la mirada, ahogan los recuerdos… La moviola del subconsciente busca mirar atrás, cuando el presente es corto y escurridizo, aunque los pensamientos se van más al futuro que, en la fe, se muestra sereno, deseable, querido y esperado.

Inicio este relato, sin previo planteamiento, sin derrota prefijada, sin hilo conductor, sin final previsto… en un vuelo de retorno al hogar, de este minero trotamundos, de este sembrador de aguas, de este agradecido a la vida, de este enamorado de la amistad, de este soñador de un mejor mundo futuro.

Hemos despegado del Aeropuerto de Santiago de Chile, mirando hacia el sur, a donde ese volcán Calbuco lanza hoy sus cenizas a los espacios; hemos ganado luego altura hacia el oeste, para así subir y subir; hemos cruzado la cordillera andina, que me enamora, en busca de tierras brasileñas, más al norte, donde tantos recuerdos se agolpan...

Ha quedado justo a la izquierda el Aconcagua, el pico más alto de la Tierra, después de los colosos himalayos, al que faltan menos de 40 m para llegar a los 7.000, y del que un día visité su campamento base, viajando desde San Juan, que ahora está allí abajo, entre nieblas… A la derecha Mendoza y más lejos la Córdoba argentina, y San Luis, todas ellas con sus recuerdos en el corazón. Luego aparecerá en el mapa Salta la linda, con familiares tan queridos, que me brindaron su fraterno afecto… Por allá y por acullá, los recuerdos se agolpan, las imágenes se desempolvan, los quereres se ahogan en lágrimas de sueños, en suspiros del alma, en recuerdos imborrables.

Han sido muchos años de caminar, de surcar senderos con ligero hatillo de vagabundo errático, sin ser granuja ni vago; de estrechar amistades; de regalar experiencias; de sembrar anhelos; de crear vocaciones; de hacer brotar ilusiones…

Han sido tiempos de renunciar incluso a lo que para algunos es irrenunciable, en el buscado "confort"; han sido y son tiempos de considerarme casi como un sadhu, de la India, en busca de la moksa o liberación.

Dando he recibido más de lo que regalaba; abriendo el corazón he encontrado cobijo en almas generosas; he saboreado placeres lícitos; he regalado afectos y he recibido cariños… Y es así que he cruzado horizontes que, por ley de vida (o de muerte), se me antojaban inaccesibles, pero que han cobrado color y calor; resplandor y embrujo; nostalgia y recuerdo…

Por que en el mapa de vuelo, van apareciendo ahora Buenos Aires, y Porto Alegre; y se muestra ya a la derecha un Sao Paulo y un Río de Janeiro, y vendrá después un Salvador de Bahía, y un Recife y un Natal... que todos ellos son lugares de recuerdos, siempre gratos…

Uno era joven, parece que con correr ganaba tiempo, que con viajar hacía suyos a los horizontes … Y uno no tenía descanso o, mejor dicho, descansaba en el acumular camino, senderos y veredas; en el despertar de cada día en distintas sábanas; en el anhelar desafíos nuevos; en el cabalgar aventuras; en el buscar soluciones a desafíos profesionales.

Han pasado muchos años desde aquel inicio a la vida profesional, en el que todo era innovar; han transcurrido luengas jornadas, con noches cortas, con ilusiones nuevas… parecería que, al llegar el crepúsculo, dormirían los sueños, quebrarían las ramas, se aletargaría el hacer, se calmaría la sed, quedarían mudos los ecos… pero la realidad es muy otra.

Parece (o parecería) que hay una vida que puede empezar, que hay un nuevo día que podría traer nuevas vivencias, que hay una ilusión incansable que va a revivir,… Parecería que estos ya más de siete lustros en el talego no fuesen suficientes para encontrar un merecido descanso… pero, tal vez, pueda acontecer que ese descanso no ha sido ganado todavía, y hay que seguir al pie del cañón mientras el cuerpo aguante…


En este deshilvanado relato, llegan ahora, apenas sedimentados, lo que han sido seis días de encuentros con muchos viejos amigos, en esta Conferencia nacida al rescoldo de la IMWA (International Mine Water Association), en el Gran Hyatt de Santiago de Chile.

He vivido recuerdos muy gratos, con viejos amigos de Australia, África del Sur, Estados Unidos; Alemania, Brasil, Perú, Reino Unido… A flor de piel he sentido el escalofrío de estas viejas y sinceras amistades; de tantos y tantos imborrables recuerdos; de hechos que sucedieron; de amigos que se adelantaron en llegar al destino; de amigos que ahora se han hecho carne en sus hijos; de experiencias acumuladas, que no han muerto…

Aquel nacimiento de la IMWA, en mi Granada del alma, con el apoyo de tantos y tan fantásticos colaboradores, ahora ofrece sus frutos en una asociación a la que pertenecen 800 colegas, que llenan de lucecitas rutilantes a este mundo que cada día amanece, que cada día nos regala una ilusión, un destino, una sorpresa y, sobre todo, una amistad y un futuro.

Querer describir lo que han sido estos días de encuentro y de trabajo, de brindar experiencias y de transmitir ilusiones, sería desafío imposible…

Me ha tocado, en Conferencia Plenaria, presentar la experiencia vivida con el Peritaje Internacional del Proyecto Conga, en los Andes de Cajamarca; donde tantos pensamientos aviesos han sembrado ríos de tinta; donde tanto mal se ha hecho creando confusión; levantando testimonios falsos; dejando negros nubarrones que ensombrecen a la vida de unos pacíficos aimaras y quechuas, a los que se les hacen daños irreparables…

Y hay culpas de unos y de otros; hay falsos profetas; hay embaucadores; hay irresponsables… y, unos y otros, no quieren reconocer su culpa, su emponzoñamiento, su mal saber hacer… y mientras el mundo vueltas sigue dando; porque este dolor pasará, pero se repetirá y volverá a ser pan nuestro de cada día…

Y en esta conferencia internacional, con 380 participantes de muchas docenas de países, he podido disfrutar del encuentro fraterno con tantos excelentes colegas, y he podido fichar otros excelentes ejemplares para mi colección de "AMIGOS PARA SIEMPRE". Amigos con los que conversar es un placer, con los que tanto hay que compartir, con los que los recuerdos se agolpan, y las esperanzas de reencuentro se hacen ineludibles...

Pero cambiemos de panorama… Aún es día en Madrid, pero ya es noche en Johannesburgo y en Moscú… allí están también los recuerdos trotamundos que no duermen, que incluso se hacen más vivos saboreando este Pedro Ximénez, con el que acompaño a la tarta de almendras y manzana, que es postre elegido en este menú.

Y abajo, a la derecha, se va quedando atrás un Foz de Iguazú, con sus impresionantes cataratas, abiertas a tres países, que varias veces visité, y que dejaron impresiones vivas, en sus aguas despeñándose, ensordecedoras, entre nubes de espuma, por la orilla argentina y por la brasileira;. Allí, donde tan viva se hace esa película La Misión, una de las que más me han impactado, protagonizada por Robert de Nilo, con música de Ennio Morricone, y con la aventura divina de aquellos jesuitas, que buscaban almas para Dios, donde el mundo era verde, y era azul y era blanco, y donde “los blancos” no siempre eran el mejor ejemplo… Pero de esto hablaremos tal vez otro día.

Y hablando de agua… En el despegue del aeropuerto de Santiago de Chile,he vivido una experiencia que jamás había experimentado… Para el comandante  de este vuelo de Iberia (Airbus A 0340-600 "Andrés Segovia"), que nos lleva a feliz destino (Jaime Goicoechea, “Katama” para sus amigos), hace con éste su último vuelo, antes de jubilarse en su vida profesional. Como homenaje, en lo que sin duda es excelente idea, los bomberos del aeropuerto han proyectado sus chorros de agua, a presión, sobre el avión, ya en la pista de despegue… gotas de lluvias, que han llorado de sentimientos, sobre las ventanillas del avión…


Me parece un homenaje entrañable,… y agua quisiera recibir de los amigos, cuando descanse en la tumba, tras emprender el último vuelo, para traspasar el horizonte infinito...

A mis amigos se lo pido, se lo ruego, y desde el otro mundo se lo agradeceré... ¡que Dios les bendiga!!! Y que gocemos juntos de la paz eterna.
Y no quiero cerrar esta confusa, desordenada y no corregida galerada, sin dejar constancia de profundo cariño, una vez más, a cuantos han ayudado tanto en el traspasar horizontes.

En primer lugar a Sagrario y Ana María (ayer, hoy y mañana), y también a todos los hijos; de ellos he recibido todos los afectos y sin ellos mi vida estaría vacía.. .

A 8.500 km de mi destino de mañana (el otro no se a cuanto estará); a 10.058 km de altura ahora (luego espero que será mayor); con una tierra que corre abajo a 1.005 km/hora; con una temperatura exterior de -50ºC... trato de no perder el aliento, dispuesto a traspasar nuevos horizontes hasta alcanzar el más deseado…

Gracias, Ana (la más pequeña de los hijos). Me has dado la sorpresa de poder volar en Ejecutiva, cuando habían sido imposibles todos los intentos, por ir el vuelo completo... y gracias a tus amistades.

domingo, 25 de agosto de 2013

Un volcán enojado y un río agrio. Termas de Copahue (Argentina)


Alberto Ghiglione Claverol. Director Operativo RECA Consultores SRL. Buenos Aires (Argentina) 

Todo comenzó por un programa terapéutico... Junto con Marta, mi esposa, y mis sobrinos Susy y Leo decidimos hacer un viaje hacia las Termas de Copahue, recomendadas por los poderes beneficiosos para el organismo.

Las termas están situadas al pie del volcán del mismo nombre, en la provincia argentina de Neuquén en plena Cordillera de Los Andes, casi en la frontera con Chile, a unos 2.500 metros de altura sobre el mar.
Las termas son producto de la acción de los gases emanados por la chimenea del volcán, que calientan las aguas del río hasta unos 200ºC, aportando ácido sulfhidrico y ácido clorhídrico, pero también manganeso, azufre, calcio y amonio.

Los barros (peloides) y las aguas sulfurosas y ferruginosas, así como las algas desarrolladas en ese hábitat, son el atractivo hacia el centro termal, muy considerado por sus propiedades curativas. Así, cada verano, varios miles acuden aquí para recibir los tratamientos reconstituyentes.
Allá fuimos, y nos encontramos no solo con las termas sino también con paisajes, hechos y circunstancias que merecen compartirse.

Nuestro viaje fue en noviembre de 2012, en la primavera cercana al verano en el hemisferio sur, lo cual no fue impedimento para que, a pesar de los carteles de precaución por las altas temperaturas en rutas y calles, el lugar nos recibiera con una copiosa nevada.

 
Las emisiones de vapores del volcán eran bien evidentes así  como las “fumarolas” , columnas de vapor que aparecían y se atenuaban según los momentos para reaparecer en otras grietas de la ladera.
La zona está habitada, en buena medida, por  la comunidad  indígena Mapuche, de la que algunas estimaciones indican que existe una población de unos 500.000 descendientes de los originarios  habitantes autóctonos, entre Argentina y Chile.

Y es así que los mapuches dieron nombre a este entorno que, en su idioma, significa lugar de aguas sulfurosas.
 
Precisamente  y hablando con algunos de ellos acerca de los vapores que emitía el volcán y de las fumarolas,  nos decían que el volcán estaba enojado, a raíz de que lo estaban molestando los hombres con un proyecto, en ejecución, que pretende usarlo para aprovechamiento hidrogeotérmico. 

Los gases y sales metálicas confieren al río circundante propiedades ácidas, por cuya causa se lo bautizó como “Río Agrio”, el que serpenteando durante varios kilómetros , y entre bosques de Araucarias, permite llegar hasta la profunda cascada a la que presta su nombre. 

Allí, se encuentra encajonado por  paredes en forma de columnas  prismáticas,  de base hexagonal producidas por la lava lanzada en sucesivas erupciones que han dado lugar a estos apilamientos de rocas basálticas.

La lava ardiente, al enfriarse, adopta diferentes formas, y en este caso, por sus componentes minerales se ofrece con cantidad y variedad de colores y formas.

Luego de la cascada el río vuelve a circular manso, y allí nos sorprenden patos autóctonos, nadando tranquilamente en agua de pH 2,5en un contorno de tierras ferruginosas rojo-amarronadas.

Esto nos hace recordar a lo que Rafael nos contaba de las especies que encontraron su hábitat en el otro Río Agrio, en Andalucía, y en tantos otros ríos con aguas ácidas en la Faja Pirítica Ibérica, en Andalucía.
 
A medida que los días de nuestras inmersiones en aguas sulfurosas y tratamientos con barros se agotaban notábamos que los vapores del volcán se hacían más notorios.

Pocos días después de nuestra vuelta, el 22 de diciembre  el volcán entró en erupción, obligando a tornar las alertas a amarillas, luego a naranjas y finalmente a rojas, obligando a evacuar a las poblaciones circundantes hasta la atenuación de las iras volcánicas varias semanas después.

¡El monstruo se había enojado! 

alb.ghiglione@gmail.com; albertog@recasrl.com.ar


sábado, 2 de marzo de 2013

La Puna salteña (Argentina)


Alberto Ghiglione Claverol, Director Operativo RECA Consultores SRL Buenos Aires (Argentina)


Después de haber visitado varias veces la PUNA, del Noroeste Argentino, es imposible no  recordar  las impresiones del primer viaje hacia las minas de borax, en el Salar del Hombre Muerto, que se extiende entre las provincias de Salta y Catamarca.

La Puna es una región tipo meseta de alta montaña, propia de la cordillera de los Andes. Climáticamente la Puna es una región de baja presión atmosférica, menor proporción de oxígeno en el aire, clima frío, con escasas precipitaciones (especialmente en esta Puna seca), y temperatura media anual de 6 ºC hasta -7 ºC.

En este entorno el Salar del Hombre Muerto está situado a unos 4.500 metros de altura, y corresponde a  una típica depresión, que alberga un depósito salino o "salar", formado por sal y salmuera saturada de cloruro de sodio, pero también litio, potasio, sulfato, borato y otros componentes menores como  rubidio, cesio, y bromo.

El acceso desde la ciudad de Salta, en camioneta, nos llevó en aquel entonces  unas seis horas de marcha, trepando cerros por caminos de cornisas, vadeando caudalosos ríos en la época de los deshielos, recorriendo largas e intermitentes planicies. Con descubrimientos nuevos y sorprendentes detrás de cada curva y al coronar cada collado.

Partimos del subtrópico, por momentos selvático, de los alrededores de Salta, con los ramajes enmarañados de su vegetación, haciendo techo sobre el camino y llorando la humedad del rocío nocturno.

El sol apenas despuntaba en algunas vueltas del camino.

Tras hora y media de marcha por el camino de ripio, trepando laderas, cruzando ríos y admirando los colores que el día nuevo nos permitía contemplar, llegamos a San Antonio de los Cobres, pueblo que fuera en otra época capital de la Provincia de Los Andes (hoy dividida entre Salta y Jujuy).
.
Nos saluda con su mensaje de bienvenida,  pintado sobre el cerro que la contiene y que  mimetiza  el marrón uniforme  de sus construcciones de adobe y sus callecitas angostas.

También nos recibe con sus gentes,  coyas, que nos ofrecen sus artesanías, sus dulces y sus bollitos; sus prendas tejidas con lana de llama y también, y si queremos, un poco de coquita para masticar y mitigar el mal de altura que el oxigeno cada vez más escaso nos va a hacer sentir.

Hombres y mujeres de piel cobriza curtida por el viento, el sol y la nieve de la puna, herederos de una historia y un terruño que necesita seguir viviendo en sus  costumbres, tradiciones y filosofía de vida.

Llamas y guanacos empezaron a aparecer con más frecuencia en los alrededores de algunas moradas de piedra y barro diseminadas en medio del paisaje.

Nos sorprendió el cruzar y a veces acompañar el recorrido de los rieles, por donde circula el TREN DE LAS NUBES, obra fantástica de ingeniería si se tiene en cuenta que fue concebida alrededor de 1930, que llega hasta una altura de 4.200 metros, y  que se corona en forma impresionante sobre el Abra de Muñano. 

El Tren de las Nubes es  hoy admirado y utilizado con fines turísticos en viajes de más de diez horas de duración.

Cuando nos remontamos a unos 3.000 metros de altura el empinado camino, que circunda los cerros, nos dio un respiro y accedimos a una extensa planicie, donde nos recrearnos con la visión panorámica y policromática del  entorno rocoso, en algunos  casos  coronado por nieves permanentes.

Allí descubrimos, en algunas lagunas a la vera del camino, a los bellos flamencos rosados de la puna que nos contemplan con la curiosidad de vernos a nosotros,  extraños seres ajenos a su mundo, a sus dominios, a su paisaje.

Luego, otra vez, la abrupta trepada que nos llevó hasta los 5.050 metros de altura. En ese punto nos detenemos, y cada uno de los viajeros deposita, casi con solemnidad, una piedra en un montículo ya bastante elevado. Es la ofrenda a la PACHAMAMA.

La Pachamama es para los nativos la personificación de la Madre Tierra, la que los guía y los protege de todos los males y a la que, para agradecerle, se le ofrenda algo de todo lo que ella, en su infinita sabiduría, les entrega. Por eso es que los mineros le ofrecen una piedra, pequeña parte de lo que ellos recogen de la tierra.

La invocación para la siembra le rezan en su idioma:

Pachamama de éstos lugares, bebe,
masca la coca y come a gusto ésta ofrenda.
Para que sea buena la tierra
Pachamama buena madre
¡Se propicia! ¡Se propicia!
Haz que caminen bien los bueyes
y que no se cansen.
Haz que brote bien la semilla,
que no le suceda nada malo,
que no le tome la helada,
que produzca buena cosecha
A ti te pedimos. Dánoslo todo
¡Se propicia! ¡Se propicia!

Ese pequeño homenaje a semejante altura, y en el lugar en que estábamos, puedo decir que llegó a conmovernos, y los que íbamos por primera vez también tomamos una piedrita y la colocamos suavemente sobre el montículo.

La parte final del viaje fue en descenso hasta los 4.600 metros, y allí nos encontramos con el pequeño pueblo que rodea al impresionante Open-Pit, de donde se extraen los minerales del boro.

Pueblo de unos cien mineros, viviendo con sus mujeres y sus hijos, con su escuela, con su hospitalito, con su pequeña capilla, con su dura vida barrida por los vientos y las nieves del invierno, con sus realidades y sus esperanzas. Con ellos convivimos... Pero esa será otra historia.

albertog@recasrl.com.ar




sábado, 26 de enero de 2013

Ischigualasto: el Valle de la Luna (San Juan, Argentina)




Uno ha viajado por muchas geografías, se ha curtido bajo muchos soles, ha respirado muchos vientos, se ha enriquecido en muchos paisajes, ha guardado muchos recuerdos,...

Pero Ischigualasto es algo único, diferente e impactante… es un lugar éste que los diagitas, que aquí habitaban, bautizaron con extraño nombre, que no lo es tanto cuando sabemos que, en la denominación quechua con etimología aimara, puede significar: "sitio donde no existe vida" o "lugar de muerte"...


Adentrase en estas tierras, de soledad y de misterio, es vivir un espectáculo en el que con ansias quieres captar en la retina cada ángulo, cada color, cada forma, cada luz y cada sombra.

Sin lugar a dudas, este Valle de la Luna no hubiera podido ser creado por el ingenio humano, ni en los recovecos de la mente, ni en las tortuosidades de los pensamientos, ni en las explosiones de los sueños.

Por eso, al rendir viaje a esta imaginación, sin fronteras, del Divino creador, y al querer verter al papel estos recuerdos, con mayor o menor suerte, los pensamientos se deslizan ágiles, no hay que escarbar en la mente, no hay que desempolvar olvidos...; todo, absolutamente todo, está a flor de piel, tiene inmaculado todo su color sin desteñidos, mantiene incombustibles sus destellos.


¿Por donde empezar, cómo seguir y cuando terminar? ¡Ah! eso es lo difícil, lo imposible, lo inimaginable... Así pues, con las alforjas del recuerdo repletas, sin ataduras al andar, sin cuaderno de ruta, sin índice y sin pauta, comparto hoy los sentimientos nacidos en un destino poco frecuente, inolvidable para un trotamundos que, sin fronteras, goza de este planeta Gaia que, por suerte, nos ha tocado compartir, y que tenemos que conservar como herencia a generaciones y generaciones...


Este Parque se localiza en la Provincia de San Juan, destino al que me han llevado una serie de viajes, por cometidos profesionales y académicos; tierra bien querida y de amistades bien cimentadas; tierra de morfologías variadas; tierra de contrastes climáticos; tierra de ver y siempre volver.

Tierra de descarnada geología, donde la secuencia de la estratificación de aquel Triásico, seco y adusto, de veranos muy calurosos e inviernos muy fríos, está totalmente abierta, en todas sus páginas, para quien quiera pasearse y recrearse en aquel pasado, y especialmente en su Buntsandstein, de areniscas y conglomerados, con todas las tonalidades cromáticas desde el rojo hasta el blanco.

Este periodo geológico, fácil de recordar en sus límites, se inicia hace unos 250 millones de años, tras la extinción masiva de especies en el transito Pérmico-Triásico, y concluye hace apenas 200 millones, para dar paso al Jurásico.


En él se unen las tierras de América y de África y de Europa, sin separatismos desintegradores, para formar el supercontinente al que dimos el nombre de Pangea ("toda la tierra"). Y en esa integración nacen los primeros mamíferos (¿dónde estaríamos nosotros si esto no hubiera acontecido?).



Y, alejados los mares de aquellas extensas tierras emergidas, la erosión acumula sedimentos continentales, tongada a tongada, dando lugar al apile de muchos centenares y centenares de metros de espesor, que se extienden hoy desde la Europa Central hasta las américas, y cuya larga historia está escrita, indeleble, en las páginas de este colosal libro, que son sus estratos.


Aquí nacieron los primeros dinosaurios, primero pequeñitos pero que, a costa de comerse todo lo que había en el supermercado, se hicieron más y más grandes, hasta convertirse en los animales de mayor talla de aquel viejo continente.

Y, devorando todo lo que encuentran a su alrededor, insaciables, hacen desaparecer a muchas especies, hoy guardadas en estos sedimentos, que son inmensos anaqueles  para la ciencia, en la alacena del recuerdo. Menos mal que todavía Adán y Eva no andaban con la hoja de parra, tapando sus "vergüenzas", por el Paraíso terrenal... porque, si por allí hubiesen andado, hoy seríamos simplemente unos fósiles más, en el silencio de los tiempos.


Y es así que aquí, en estos roquedos, se han descifrado muchas páginas de silencio y de soledad, de la historia geológica, tras el hallazgo de buen número de fósiles de dinosaurios y de otros vertebrados, recuperados en muy buen estado de conservación, pero también de una flora fósil que nos permite hablar de sus condiciones climáticas e hídricas, y situarnos en paisajes y entornos de hace tantos millones de años.

Y en este Trías Germánico (Trías Inferior) nacieron estas piedras, todavía sin ser paisaje, porque tenía que transcurrir mucho tiempo, tenían que rugir  las fuerzas telúricas divisorias, que fragmentaron a Gondwana y a Laurasia; tenía que hacer de las suyas la tectónica, con su deriva continental; tenían que elevarse cordilleras y hundirse continentes; tenía que llover para que se erosionaran las rocas y nacieran estas formas inimaginables, pero si explicables, que nos llenan la vista, nos recrean los pensamientos, nos hacen volar las imaginaciones...

Y en este orden desordenado no hemos dicho cómo llegamos hasta aquí...

El viaje se inició en San Juan, siguiendo por interminables carreteras, que nos llevan, en una primera parada, para estirar las piernas entumecidas en el coche, hasta Vallecito, donde miles de personas acuden en peregrinación continua,hasta el santuario de la difunta Correa (en un entrono más de folclore turístico que de lugar de recogimiento).

Aquí muchas tiendas de recuerdos para los visitantes, y asados de chivito para quienes con hambre llegan.

Y ¿quien fue la difunta Correa? Cuenta la historia que Deolinda Correa fue una mujer cuyo marido, Clemente Bustos, fue reclutado forzosamente hacia 1840, durante las guerras civiles entre unitarios y federales, obligándole contra su voluntad, a unirse a las montoneras. Deolinda, angustiada por su marido y huyendo de los acosos del comisario del pueblo, decidió salir tras él y, tomando a su hijo lactante, siguió las huellas de la tropa por los desiertos de tierras sanjuaninas, llevando consigo apenas  algunas provisiones de pan, charque y dos chifles de agua. Cuando se terminó el agua, Deolinda estrechó a su pequeño junto a su pecho y se cobijó bajo  la sombra de un algarrobo. Allí encontró la muerte a causa de la sed, el hambre y el agotamiento. Al día siguiente, cuando dos arrieros riojanos, pasaron por el lugar, encontraron el cadáver de Deolinda, con su hijito que seguía vivo, amamantándose de sus pechos, de los cuales aún fluía leche.


Y la etapa termina en el Hotel San Agustín en Valle Fértil, con su amplia panorámica de cerros y llanura, junto a un pequeño lago artificial, creado por una represa.

Buen lugar para el descanso, tras haber surcado el Valle Fértil. Buena estancia para reparar fuerzas, ya casi a las puertas de la provincia de La Rioja.

A la mañana siguiente nos dirigimos a este Valle de la Luna, donde vamos a gozar contemplando y descifrando  la historia geológica.

Aquellos  sedimentos, areniscosos y conglomeráticos, de colores rojizos y pardos,  se formaron por grandes abanicos aluviales desde los piedemonte de las montañas. Y  estos  otros, grises y blanquecinos, de componente areniscosa y arcillosa, un día fueron lechos de ríos y sedimentos finos de llanura, y hoy conforman morfologías laberínticas, imposibles de andar, al ser fáciles de labrar por la erosión hídrica y eólica, y por la gelifracción.

Y, si cambiamos de posición, también contemplaremos los paquetes de areniscas pardas, con niveles de arcillitas y carbón, depositados en lo que fue un gran lago (Ischichuca);… y todo esto con su fauna fósil, guardada con primor durante esos cientos de millones de años…

Porque las sedimentaciones dejaron su nítida impronta, desde aquellas zonas altas, esculpidas por el lento pero implacable efecto del agua, en una acción de arrancar grano a grano, guijarro a guijarro, bloque a bloque, para transportarlos en la arroyada, pendiente abajo por la acción de la gravedad, hasta depositarlos en las áreas más bajas. Y todo ello con una gradación en su granulometría: primero los grandes bloques, luego los cantos rodados, después las gravas y, finalmente las arenas y los limos. Y todo ello con los cambios en las direcciones de la corriente, dando lugar a estratificaciones cruzadas.

Pero éste es un proceso evolutivo que nunca muere, porque cuando la tectónica puso "patas para arriba" a esta acumulación de  sedimentos consolidados, como consecuencia de la orogenia, otra vez el proceso se puso en marcha, como lo vemos hoy en estas descarnadas superficies, presas de nuevo de la erosión, el transporte y la sedimentación, y así en un nunca acabar.

Erosión que es selectiva, al aplicar la ley del mínimo esfuerzo, que la Naturaleza también hace suya.


Los estratos más duros, de material más grueso y más cementado, son más resistentes, mientras que los de grano más fino y arcilloso, con cemento más endeble, son fácil pasto de la erosión hídrica, y también del impacto de los granos de arena y partículas en suspensión y saltación, transportadas por el viento, dando lugar a esas diferencias al esculpir a las rocas... pero no trato de dar aquí ninguna clase de geomorfología. Lo mejor es mirar y recrearse, dejando volar a la imaginación.

Todas estas rocas, en su diferente dureza y cohesión, y en su distinta permeabilidad, han sido sometidas a esos procesos morfogenéticas de erosión hídrica y eólica, pero también de rotura por los hielos (gelifracción), dando lugar a una colección inmensa de formas que la imaginación humana ha dado nombres, como Cerro Morado, el Gusano, Valle Pintado, Cancha de Bochas, el Submarino, la Esfinge, el Hongo, Barrancas Coloradas, y el cierre del gran anfiteatro por ese vertical farallón que es Cerro Colorado…

Adentrarse en este lugar hostil al tiempo que mágico; abrasado por el sol y riguroso en la noche; hostigado por la climatología; sediento por la falta de agua... es entender plenamente porqué ha sido declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en el 2000. Y, precisamente por esta circunstancia, fui atendido con la mejor cortesía, aquel 21 de octubre de 2008, al ser el Año del Planeta Tierra, declarado por esta Institución mundial, y en el que tuve la honra de ser elegido Embajador Científico de este evento.

Entre tantas morfologías llama poderosamente la atención esa Cancha de Bolas, en la que parecería que unos legendarios gigantes hubiesen dejado allí aquellos bolos, perfectamente esféricos, tras una partida en esta cancha geológica. ¿Cómo se formaron? ¿Qué guardan en su interior? ¿Qué nos quieren decir? ¿Qué cataclismo los moverá?... En la historia geológica de los tiempos queda mucho por escribir, y es infinito el legajo para descifrar.

Y esta experiencia la he vivido, como tantas otras, en compañía de Sagrario, haciendo suyas mis inquietudes mineras, geológicas, ambientales, hidrológicas…

Otro día hablaré del Parque de Talampaya, al que dedicamos la jornada siguiente, ya en tierras  de La Rioja, impresionante también por sus morfologías, colores, silencios, grandiosidad,… A los trotamundos, que hacemos camino siguiendo la flecha del destino,  no nos faltan horizontes, nos falta tiempo...

Y aquí pongo final a este relato, escrito sin orden ni concierto, sin hoja de ruta, y sin respirar ni tomar aliento entre párrafo y párrafo…






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