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martes, 19 de noviembre de 2013

Prof. Dr. D. Rafael Fernández Rubio: Realidad y magisterio



Manuel Nieto Salvatierra
Geólogo

Manuel Nieto en las choperas de Daragoleja
(Láchar, Granada).
Antes de dar la pluma a Manolo Nieto, pido al lector licencia para prologar su relato con la amable epístola personal que lo antecedía, y que reza así:

Querido Rafael: maestro y amigo,

Perdóname por el retraso en contestarte; pero no me ha sido posible hacerlo hasta ahora. Creo que está sobradamente justificado y me gustaría explicártelo de viva voz si tenemos oportunidad de vernos de nuevo. Mientras tanto, he pensado sobre lo que más me impresionó de tu magisterio y que ahora, después de cuarenta años, me ha sido posible encontrar una explicación..

Con todo mi afecto, te envío un fuerte abrazo.

Manolo.

Y ahora si: su relato que tan profunda emoción me ha transmitido.




Manuel Nieto estudiante de Geología en la
Universidad de Granada, en los años 70.
Siempre comporta un riesgo hablar o escribir de un maestro sin en el fondo referirse a uno mismo o, en el mejor de los casos, a la relación que mantuvo con él o al impacto de su magisterio en su propia personalidad. De hecho, es prácticamente imposible abstraerse de esas consideraciones.

Sin embargo, la distancia física y el tiempo transcurrido -apenas nos hemos visto desde la década de los años setenta- me obligan a tomar perspectiva y a poder destacar lo que más me impresionó de su magisterio, sin estar por ello afectado por acontecimientos recientes.

Por otra parte, al haber estado bastante alejado del ejercicio profesional de la Hidrogeología, también me permite tomar distancia del desarrollo y de los avatares de la misma, para centrarme en la persona del maestro, en vez de en la profesión que me ha enseñado.

La actividad docente, investigadora y profesional del profesor Fernández-Rubio ha sido objeto de reconocimiento, no sé si del todo suficiente, por los científicos y técnicos de las materias en las que ha impartido su magisterio.



El río Genil (Granada), lugar de paseos favoritos de Manolo Nieto.
También las universidades y los miembros de los tribunales de los premios más importantes han valorado su excelencia. Por mi voluntario alejamiento de la profesión, poco o nada puedo añadir al respecto. De lo que sí puedo dar testimonio es de la impresión que causó en mí cuando hace cuarenta años tuve la fortuna de trabajar a su lado.

¿Qué es lo que más destacaba de la personalidad de D. Rafael? ¿Qué lo hacía diferente? ¿Cómo incidía en sus alumnos? ¿Cómo me afectó a mí? Responder a estas cuestiones es complejo y delicado ya que implica someter a discernimiento a la persona, al personaje y a uno mismo en su relación con él. A pesar de ello y aún a riesgo de simplificar en exceso, del citado análisis obtengo la conclusión siguiente:

Lo genuino del profesor Fernández-Rubio es su forma de enfrentarse con la realidad.
Titular del Diario Ideal de Granada
Referente al estudio de las aguas termales de Albuñol.

La manera de enfocar el problema planteado; el entusiasmo con el que recibe el descubrimiento que él mismo ha hecho, o que ha inducido a que lo realice alguno de sus alumnos, y las repercusiones de lo anterior en su actividad docente, investigadora y divulgadora fueron para mí lo auténticamente diferenciador de D. Rafael.

Manolo Nieto aforando un sondeo en la Vega de Granada
(Grupo de "Hidro" de la Facultad de Ciencias).
Para que esto suceda es imprescindible que la misma realidad que descubre transforme al que la observa. Entonces tiene lugar la aprehensión de lo real, se produce en un auténtico “momento noérgico”, y realidad observada y sujeto observador confluyen y se funden. De ahí nace una actitud con varias notas características:

¿Qué importancia tiene el descubrimiento?
¿Cómo comunico lo encontrado?
¿Cómo formo y motivo con ello a mis alumnos?
¿Qué debo y que puedo hacer para resolver el problema planteado?

Actitudes y deberes profesionales que, junto con los comportamientos morales, justifican sobradamente el magisterio de D. Rafael Fernández Rubio; del cual me siento muy agradecido y profundamente afortunado...

mnieto@evren.es


Y, en este desnudarse en público, sin tapujos ni vergüenzas, he sentido la imperiosa necesidad de contestar a Manolo, con esta misiva, que puede situar mejor a un Manuel Nieto en los recuerdos de su inicio a la vida profesional:


Manolo Nieto, estudiante, aforando un manantial en la
rambla de Albuñol (Granada).
Querido Manolo, siempre MAESTRO y siempre, siempre AMIGO…

El mundo da vueltas y la vida unas veces nos aleja y otras nos aproxima, pero cuando los afectos se llevan en lo profundo del corazón, esos "quereres" perduran, se desarrollan y crecen… y hoy tú has escrito un testimonio que trae lágrimas de emoción al corazón, reaviva recuerdos nunca olvidados, y hace pensar que mereció la pena sembrar…

Te agradezco muy de corazón tus palabras. Tengo muchos y muy buenos recuerdos tuyos, y especialmente los acumulados alrededor del desarrollo de tu Tesis de Licenciatura, que sin duda te supuso un gran esfuerzo personal, del que una parte de culpa fue mía. Hiciste un trabajo profundo, pionero, descubridor, autodidacta… y lo hiciste con todo el entusiasmo de quien ponía la ilusión toda, y de quien era esponja absorbente de conocimientos.

Titular en el Diario Ideal de Granada.
Luego vinieron aquellas fatídicas lluvias, de la noche del 19 de octubre de 1973, que lo arrasaron todo y enlutaron con decenas y decenas de muertos... pero que, en lugar de borrar las huellas de tu caminar, por aquel barranco de Las Angosturas y por la rambla de Albuñol, hicieron más valiosos y provechosos tus estudios… que conseguimos que vieran la luz, a través del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Granada. Era el documento oportuno en el momento preciso… Aunque no se sacara todo el provecho a su contenido.

Albuñol (Granada) en 1972
Foto Diario Ideal de Granada.
Luego fuimos más de una vez al lugar de los hechos, y contemplamos cómo afloraban manantiales ocultos bajo los aluviones, y cómo las aguas surgían donde otrora se encontraban sondeos desaparecidos por aquella riada que tantas vidas se llevó por delante...

Tú fuiste artífice de algo grande, tu aportaste a la ciencia, y a la sociedad páginas gloriosas y de mucha enjundia. ¡Gracias Manolo, MAESTRO y AMIGO!!!

Rafael Fernández Rubio


Y a la anterior Manuel contestaba en los siguientes términos:

Querido Rafael,

No te puedes imaginar lo feliz que me haces por sentirte satisfecho con mi pequeña aportación a la valoración de tu labor como maestro; de la cual he tenido la fortuna de ser un destinatario privilegiado. Te lo mereces sobradamente y siempre me consideraré deudor de lo que por mí hiciste.

Un abrazo con enorme gratitud.
Manolo.


Nota: Es de agradecer de corazón a Ana Nieto la complicidad al suministrar las ilustraciones que acompañan a este relato de su padre..

jueves, 28 de marzo de 2013

Reviviendo el pasado: La "Hidro" en la Facultad de Ciencias de Granada.

Encarnación Terrón Gómez de Liaño, Licenciada en Ciencias Geológicas

¡¡¡Uff!!! Por fin me pongo a escribir en serio...
Salón del Palacio de la Madraza (SIAGA, marzo 1981,
Granada). En primera fila, para no perder ni ripio. Pepe y
Montse  (junto a Manolo del Valle) estaban muy atentos,
pero yo (1ª por la derecha),  por eso de la novedad, andaba
un poquitillo despistadilla. En el lateral derecho de la sala
Adolfo Eraso (delante) y Ana Serrano (al fondo).

Hace ya un mes que mi profesor y maestro, Don Rafael, me solicitó que escribiera unas letrillas y anécdotas sobre mis estudios de Hidrogeología bajo su tutela. Esto ha sido una gran sorpresa para mí, ya que en los años de la Facultad estuve “castigada” a no poder tutearle, debido a mi mala redacción, estilo gramatical y lingüístico; aunque, todo hay que decirlo, el castigo fue levantado una vez leída la tesina, de la cual hablaremos más adelante. Creo que fue un caso para él bastante complicado, ya que no había manera de que redactara frases cortitas y bien acentuadas.

Espero, ahora, no defraudarle, y ser merecedora de esa confianza depositada, que me permite homenajearle a través de su blog, que ya habrá llegado a los 3 meses de vida, e imagino, superado las 4.000 visitas…

Los alumnos escuchando atentamente las explicaciones
de los profesores Claude Drogue y Fernández Rubio,
 en el viaje de prácticas de Hidrogeología en
Montpellier (Francia).
En todo caso he de reconocer que va a ser una ardua tarea, y no por dura, sino por lo complicada que, para mí, va a resultar.

Nada más recibir su correo inicié la búsqueda de fotos del año en que estudié la asignatura de Hidrogeología, y para gran sorpresa mía, en ninguna aparecía él, por lo que he tenido que recurrir a otros compañeros para localizarlas, a quienes agradezco su desinteresado aporte.

Recuerdo que las clases de Hidro (así nos referíamos coloquialmente a la asignatura de Hidrogeología), comenzaban a las 8 de la mañana, y se nos pasaba lista al principio de la misma, de tal manera que con más de 10 faltas de asistencia perdíamos el derecho a examen y a la evaluación continua.

Excursión de Hidrogeología (mayo de 1981).
Como no podía ser de otra manera, no
aparezco por ser la “reportera gráfica”.
Aparte de las clases teóricas, teníamos prácticas que eran impartidas por Pepe Benavente. También teníamos frecuentes salidas al campo, y esos momentos compensaban todo el esfuerzo realizado. Los compañeros y profesores, eran más que eso; eran nuestros amigos, hermanos, confidentes,... en definitiva: nuestra familia; ya que pasábamos más horas entre clases, prácticas y salidas al campo, que las que estábamos en casa (que eran para estudiar, dormir y comer; o poco más, ya que no quedaba tiempo para otra cosa).


Trofeo Globigerina-Esquistosa,
celebrado en las pistas polideportivas
de la Universidad de Granada.
Entre clase y clase, también había tiempo para hacer escapadas a esquiar (formábamos un trío deportivo: Montse Fernández San Miguel, Calixto Sánchez Fresneda y yo), aunque frecuentemente el grupo se veía incrementado por numerosos amigos y compañeros.

Otras veces el deporte se organizaba a nivel institucional, se enfrentaban dos departamentos (cerrando líneas tanto alumnos como profesores) en los Trofeos Globigerina-Esquistosa, donde las chicas hacíamos la entrega de los premios al equipo ganador (incluso nos vestíamos para la ocasión).

Posando en un  descanso, entre ponencia y ponencia
del SIAGA (Marzo/1981, Granada).
En el centro Montse y yo.
Los mejores momentos pasados en Hidro se corresponden con las múltiples salidas al campo, el Simposio del Agua en Andalucía (marzo de 1981) (organizado por Rafael Fernández Rubio y el Grupo de Hidrogeología), las cenas y recepciones.

Tensores colocados en el interior del
macizo kárstico, en una gruta en los
alrededores de Montpellier.

Mención especial merecen los viajes de prácticas y fin de curso, este último realizado junto con los alumnos de la asignatura de Yacimientos. La primera parte del mismo nos llevó a Montpellier, y la de Yacimientos a media España (desde las minas de sal de Cardona hasta las de caolín en Guadalajara, entre otras).

El viaje duró 15 días. Fue estupendo y lo recuerdo con gran cariño. Una de las excursiones más emblemáticas del mismo fue la que hicimos a una cueva, en los alrededores de Montpellier, donde me llamó la atención los tensores colocados para medir las deformaciones de la grieta, producidas por las oscilaciones del nivel freático en el interior del macizo kárstico.

 Llegando a la ubicación de los tensores.
Pascual, Fernando y yo, competíamos a ver quien hablaba mejor francés y quien traducía mejor para el resto de compañeros. Pero Fernando (que era el listillo de la clase), siempre se llevaba el gato al agua.

En el viaje a Montpellier, se me abrieron las puertas para la beca que solicité al Ministerio de Asuntos Exteriores, y que fue concedida un año más tarde, gracias al apoyo de Rafael Fernández Rubio y del Prof. Claude Drogue, Catedrático de Hidrogeología de la Universidad de Ciencias y Tecnología del Languedoc, en cuyo Departamento pude disfrutarla durante tres meses muy provechosos (octubre a diciembre de 1983).
Merecido descanso en tierras catalanas.
Montse, como siempre “jaleando”
bajo la atenta mirada de Don Rafael.



En la excursión a Montpellier, también tuvimos nuestros momentos de asueto, por ejemplo en una playa de las proximidades de Barcelona, donde paramos para darnos un chapuzoncito, incluido Don Rafael.

Y aquí una anécdota personal, en el viaje de vuelta, una vez retirado Rafael y tomado el relevo por los profesores que impartían la asignatura de Yacimientos… me dejaron olvidada en la Central Térmica de Andorra (Teruel).

A mí, como siempre, no se me ocurrió otra cosa que, cuando estaba terminando la visita, ir al baño a hacer un “pi pí”; y ¡OH, sorpresa!: no había baño para señoras o señoritas, sólo había para hombres... Ya no podía aguantar más, y los técnicos que nos enseñaban la Central se acordaron que habían tenido que hacer un aseo especial, para la en aquel entonces Princesa Doña Sofía, con motivo de la inauguración de la Central. Así que uno de nuestros guías, me acompañó a buscar la llave del tan “excepcional servicio”, que sólo se usaba en contadas ocasiones, después del uso de tan regia majestad.

Visita a la Central Térmica de Andorra Teruel.

Mientras tanto, el resto del grupo terminó la visita, se subió al autobús; y yo, desde la ventana vi, con gran impotencia, como se marchaban y quedaba “en tierra”, sin poder hacer nada por remediarlo.

Terminé rápidamente, bajé a la entrada de la Central y eché a correr hasta la garita de control de acceso, donde ya fue imposible alcanzar al autobús, que aún se vislumbraba en la lejanía, con el resto de mis compañeros. ¡No existían las modernas técnicas y no podía poner un whatsApp, o enviar un mensaje o llamar, para que dieran la vuelta!

En el interior de la cueva de Montpellier.
Mientras tanto, en el autobús, me contó Alberto y Montse, cuando llevaban más de una hora de camino, por una carretera infernal, en dirección a Ojos Negros, llena de curvas y en la que sólo cabía un coche; se dieron cuenta de que Encarnita Terrón no estaba con ellos, comenzaron a bromear y a decir: “Encarnita, no te hagas la dormida” “Encarnita, no te escondas más, haz el favor de salir de debajo de los asientos”. Pero a Encarnita la habían olvidado en la Central, sin que nadie se hubiera percatado de ello.

Mina Barranco en Ojos Negros (Teruel).
En la garita de acceso, hicieron lo imposible por localizar a uno de nuestros guías, pero hasta que no terminaron su turno de trabajo, me tocó  esperar junto al vigilante. Por fin apareció uno de los geólogos que nos había mostrando la Central (ya cansado del duro día y prometiéndoselas muy felices, porque era el final de su jornada, sin sospechar la que se le venía encima). Al pobre no le quedó más remedio que llevarme hasta donde pernoctaríamos esa noche, pero desconocía nombre del hostal o pensión... ¡Bendita juventud!

Mina Corral en Ojos Negros (Teruel).
He de decir que Ojos Negros se encontraba a dos horas de carretera de la Central y que, cuando llegué a la población, me esperaba una buena regañina por parte de la profesora Purificación Fenol y con razón. Por cierto, llegamos antes que el autobús, ya que después de una hora de conducción y al ver que yo no estaba en él, se dieron la vuelta para “ir a buscar a esa despistada”, pero yo ya había “volado”...

Después de terminar 5º curso, continué en el Departamento de Hidrogeología para hacer la Tesina.

Vista de las ramblas Ancha y de Gualchos
desde la carretera que lleva al Haza del Lino.
Recuerdo que durante la dirección de la misma, qué por supuesto, realicé en Hidrogeología y bajo la vigilancia, dirección y atenta mirada de Don Rafael, como si de su propia hija se tratase; un día después de haber entregado ya, algún que otro capítulo redactado, me llamó a su despacho y me dijo con gran solemnidad: “Encarnita, desisto de toda responsabilidad que sobre la redacción de su tesina caiga sobre mí”, se sentía incapaz (pero, no de impotencia, sino de aburrimiento) de enmendar mi estilo gramatical; así como, las faltas en la redacción, acentuación y otros signos de los muchos que llevan los escritos y que en este momento, ni me acuerdo…

Copia del plano de situación de
Castell de Ferro (Granada).
El día que defendí la tesina, creo que respiró por fin tranquilo, ¡no tendría que corregir más faltas de ortografía y redacción! Y, por supuesto, ese mismo día, me levantó la prohibición de "vosearlo".

Mi tesina: Estudio hidrogeológico e Hidroquímico de las Ramblas Ancha y de Gualchos (Castell de Ferro-Granada), fue en su día un estudio pionero. En él se estableció por primera vez, durante los años 1981, 1982 y parte del 1983, la intrusión marina tierra adentro, su avance y la contaminación de pozos y sondeos; la contaminación superficial por nitratos y cloruros, el volumen de recarga de los acuíferos,…; y se definieron los mejores puntos para el control de una intrusión que, hasta entonces, había pasado desapercibida en los ámbitos oficiales.

Página 111 de la Memoria de Licenciatura:
Estudio Hidrogeológico e Hidroquímico de las
Ramblas Ancha y de Gualchos (Castell de Ferro-
Provincia de Granada) (E. Terrón Gómez de Liaño).
Tuve la gran suerte de tener buenos amigos que siempre estuvieron dispuestos a ayudarme. Eran espeleólogos (Federico Ramírez Trillo y J.A. Muñoz del grupo GES –Málaga, Antonio Buendía del Grupo Ilíberis, y Manuel José González Ríos, del Grupo GEG de Granada), muy acostumbrados a la topografía complicada en el interior de cuevas. Ellos se ofrecieron a nivelarme todos los pozos y sondeos de control, aún a sabiendas de lo complicado que iba a resultarles, ya que debido a los invernaderos y construcciones diseminadas, sin orden ni concierto, la toma de visuales con el teodolito, no resultó nada fácil.



 Facies hidroquímicas. Página 146 de la
Memoria de Licenciatura (E. Terrón).
Gracias a ellos y a mi padre (que siempre me apoyó moral, emocional y económicamente, acompañándome al campo siempre que le era posible), pude realizar el citado estudio; aunque, ante lo novedoso de sus hallazgos, hubo personas que no dudaron en sacar partida de dicha información.

En aquel entonces, trabajaban en el IGME, y les fue muy cómodo apropiarse impunemente de todos los datos de una principiante, publicándolos como si la investigación la hubieran llevado a cabo personalmente, sin tener la decencia de mencionar la fuente origen de tales datos (María Encarnación Terrón y Gómez de Liaño); estos no sabían de la insistencia de Don Rafael de no ponerse plumas ajenas…

Rafael, se enteró de este hecho y me lo comunicó, él hubiera querido que se hiciese pública la autoría de los descubrimientos, pero no se encontró la forma. Creo que de alguna manera medió, en el IGME, para que por lo menos, me escribieran una pequeña nota, pidiéndome permiso para utilizar los análisis, conclusiones y demás datos originales, aunque ya se habían adueñado de su autoría y los habían publicado. De hecho, a partir de ese momento, las Ramblas Ancha y de Gualchos (o acuífero de Castell de Ferro, como ellos lo han denominado), entraron dentro de la red de control de acuíferos, afectados por intrusión marina, en el Plan Hidrológico Nacional.

G
Panorámica actual  de Castell de Ferro,
con las Ramblas Ancha y de Gualchos, desde
la Fuente de la mina en
Gualchos (Granada).
racias a Pepe Benavente, publicamos algunos datos de la tesina, en el III Simposio de Hidrogeología, que se realizó en Madrid del 9 al 13 de mayo de 1983, en el artículo: ”Características hidroquímicas del acuífero aluvial litoral de Castell de Ferro”.

La exposición no fue muy exitosa para mí, ya que no la había preparado adecuadamente y pensaba (cosas de la prepotencia juvenil), que sin haberla trabajado, sólo por el hecho de haber investigado durante dos años y medio, sobre el tema, iba a ser suficiente para subir a un escenario y hablar ante un público altamente cualificado y versado en el tema. ¡Craso error!, que pagué seriamente, ya que me quedó un “miedo escénico” para los restos de mi vida.

En el canal de aforo de la Fuente de la Villa
(Torcal de Antequera, Málaga).
Espero, en otro momento, escribir las conclusiones alcanzadas en aquel estudio, para que Rafael las haga públicas en su blog, y se tenga así acceso a la información original.

Con esto me despido y espero haber cubierto las expectativas puestas en mí por Don Rafael; ahora ya, Rafael a secas, mi gran Maestro, al que le debo lo más refinado de mi educación y mi perfeccionismo por las cosas bien hechas; que me inculcó el amor y pasión por la hidrogeología (aunque sólo pude ejercerla durante algunos años); y que siempre me ha acompañado y me acompaña, en mi vida privada y profesional.

 Rafael: Un fuerte abrazo desde nuestra Granada.


María Encarnación Terrón y Gómez de Liaño (Encarnita Terrón para los amigos), nació en Granada en 1960. Licenciada en Ciencias Geológicas por la Universidad de Granada (1982). Becada por las Univ. de Montpellier (Francia) y Mons (Bélgica), y por el IGME (control de intrusión marina en el Campo de Dalías (Almería)). Perito Judicial en Hidrogeología; experta en contaminación de acuíferos costeros por intrusión marina y prospección hidroquímica e hidrogeológica. Licenciada en Traducción e Interpretación (Univ. Granada, 2000). Trabajó en Bruselas (Bélgica) como traductora. Ha participado en Congresos sobre Lexicología y ha publicado sobre el uso de las metáforas en Hidrogeología (disponible en la red). Sofróloga desde 1993; fue premio fin de curso de Sofrología Caycediana (Real Academia de Medicina de Granada, Escuela Andaluza de Sofrología y Fundación Alfonso Caycedo).
Desde el año 2000 es Catedrática de Educación Física. Ha sido Asesora de Formación del Centro de Profesorado de Motril. Ha colaborado en el programa radiofónico “La Ventana”, de la SER. Se ha formado en Barcelona como Experta en Nutrición Celular Activa y Ortomolecular.


lunes, 25 de marzo de 2013

Gratitud a quien fue mi Maestro de Hidrogeología: el Prof. Fernández Rubio


 

Ramón Aragón Rueda. Geólogo. Jefe de la Unidad del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) en Murcia



Hace ya muchos años que cursé la asignatura de Hidrogeología en la Universidad de Granada, dentro del 5º curso de la entonces denominada Licenciatura en Ciencias (sección de Geológicas).

Y, a pesar del tiempo transcurrido (nada menos que 37 años), todavía tengo plenamente vigentes los recuerdos de aquel curso académico 1975-1976, curso en el que ocurrieron hechos tan trascendentales como la muerte de Franco y el inicio del cambio de régimen.

¿Que contribuyó a que eligiera dicha materia si sabía la extraordinaria dedicación que requería? La respuesta es clara y no tengo duda: la reputación de gran pedagogo y excelente profesional del profesor que la impartía te incitaba a descubrir el mundo de las aguas subterráneas, y su interés social por la utilidad práctica que entrañaba.

Posteriormente pude comprobar el acierto de mi elección, pues a la demanda de hidrogeólogos que existía entonces, en buena parte debido a las investigaciones nacionales de las aguas subterráneas, que llevaba a cabo el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), se unía la ventaja inicial de ser alumno de la Facultad de Geología de Granada, y el mérito específico de haber tenido como maestro de Hidrogeología al Profesor Fernández Rubio.

Con estos dos antecedentes puedo asegurar que se te abrían muchas puertas en el mundo profesional, mundo al que accedí por voluntad propia, si bien es cierto que la decisión final la adoptó mi madre. Y aquí tengo que hacer un inciso para recordarla y hacer constar que, aunque respondió a la llamada telefónica del Ministerio de Educación diciendo que a mí no me interesaba (sin consultarme) el puesto de profesor interino de Ciencias Naturales en el Instituto de Educación Secundaria de Órgiva (yo no pude intervenir porque hacía un mes que me había contratado como hidrogeólogo la empresa Eptisa en Valencia), la verdad es que creo que yo también hubiera respondido lo mismo.

Pero, volviendo a mi época académica, he de iniciar el relato de aquel curso diciendo que fui elegido delegado de los alumnos, para la asignatura de Hidrogeología. Este hecho me permitió una más estrecha relación con el Profesor Fernández Rubio, pues eran numerosos los asuntos a tratar con él: horarios y clasificación en grupos para la realización de prácticas; programación de viajes; modificación de horarios de ciertas clases y, por supuesto, las fechas de los exámenes parciales y final. Todo ello implicaba una gran complejidad para la veintena de alumnos, pues hay que recordar que en aquella época todas las asignaturas de 4º y 5º cursos eran optativas, lo que convertía en un auténtico rompecabezas el encontrar fechas y horarios compatibles.


Pues bien, a pesar de todos los inconvenientes, jamás hubo problema alguno para poder llevar a cabo las actividades referidas en consonancia con los horarios requeridos por mis compañeros, pues la aptitud del Profesor fue, en todo momento, de absoluta colaboración. Su trato era siempre exquisito y muy correcto: él se dirigía a nosotros anteponiendo al apellido el tratamiento de “señor” o “señora”, y nosotros a él como “don Rafael”. Por supuesto, “de usted” en ambos sentidos.

Pero es que, además del tratamiento formal, he de señalar que su espíritu era el de ayudar y orientar en todo lo posible al alumno, para lo cual tenía siempre la puerta de su despacho abierta para quien quisiera ir a visitarle, lo que es doblemente remarcable si se tiene en cuenta la alta ocupación de su tiemp, por las numerosas e intensas actividades que desarrollaba, ya que a las labores estrictamente docentes e investigadoras añadía las de asesoramiento a numerosos entes y gobiernos de multitud de países.

Respecto al desarrollo de la asignatura hay que decir, en primer lugar, que se dividía en dos grandes partes: la teórica (clases propiamente dichas con sus correspondientes prácticas) y el trabajo de campo que cada alumno tenía que realizar de una zona del terreno, normalmente parte de la cuenca de un río.
Este trabajo, denominado coloquialmente como trabajo o “zona de Hidro”, ocupaba muchísimas horas, tanto de gabinete como de campo, durante todo el curso, y consistía en un estudio hidrogeológico completo, que era el verdadero germen de la formación de cada alumno. El seguimiento por don Rafael era muy intenso y con espíritu constructivo, pues todavía recuerdo las innumerables anotaciones y sugerencias en nuestros borradores que nos devolvía cada trimestre.

Al final hacía que te mostrarás tan orgulloso de tu trabajo que, en mi caso, lo sigo conservando aún y he tenido especial cuidado para que no se perdiera en mis traslados de domicilio y de lugar de trabajo.

Son recuerdos muy entrañables los que guardo de aquellas jornadas por el campo, en compañía algunos fines de semana de mi novia y amigos, que te ayudaban en las tareas de inventario de puntos de agua, y sobre todo me acuerdo de la mirada de asombro con la que me observaba mi padre, un sábado, al verme cargar en mi Seat “seiscientos” los utensilios que precisaba para un aforo químico del río de mi zona: barreños, palas, embudos, sacos de sal, etc.
Como anécdota comentaré que aquel día fuimos juntos mi compañero y amigo Javier Almoguera, que tenía su zona adyacente a la mía, y yo, con la inestimable colaboración de nuestras respectivas novia, para ayudarnos a efectuar dichos aforos. Pero nos debimos de pasar en la dosis de sal, ya que un pastor, que nos observaba con perplejidad, nos preguntó sobre lo que habíamos echado al río porque sus ovejas no querían beber.

En cuanto a las clases teóricas recuerdo la velocidad con la que pasaban las casi 2 horas de duración diaria, pues era tan claro y tan práctico el enfoque que don Rafael les imprimía, que lograba que mantuvieras la atención todo el tiempo; sus explicaciones en la pizarra las complementaba con la proyección de numerosas diapositivas y películas, que había tomado a lo largo de la infinidad de países en los que había trabajado.

Recuerdo especial tengo de los trabajos que llevábamos a cabo en casa o en la mesa de algún rincón apartado del bar de la Facultad, siempre por parejas (uno dictaba en voz alta y otro introducía los datos en la calculadora de bolsillo), para realizar el tratamiento de los datos meteorológicos. Las operaciones aritméticas eran tan cuantiosas que duraban varias horas, pero lo verdaderamente trágico era cuando hacia el final de la sesión descubrías que te habías equivocad, en alguna operación inicial, y tenías que volver de nuevo a efectuar todo el proceso desde el principio. Son momentos que ahora recuerdo de un modo entrañable, pero que en su día nos parecían terribles, pues tenías que reservar como podías otras horas para el resto de las asignaturas de la licenciatura.

El resultado académico final era la formación de unos alumnos que estaban en muy buenas condiciones de acceder al mercado de trabajo, tanto por sus conocimientos teóricos como por su formación práctica. Y esto era de especial agradecer en un contexto nacional como aquél, con el país inmerso en una grave crisis, a consecuencia de la brusca elevación de los precios del petróleo, que provocó un impacto muy negativo en el mundo laboral.

Todavía recuerdo que, en mis primeros trabajos profesionales en Valencia, los estudios hidrogeológicos que la empresa me encomendaba diferían en poco a los que tuve que realizar en mi “trabajo de Hidro”.

Una vez finalizados en el mes de junio de 1976 mis estudios de licenciatura, me alejé geográficamente de Granada, primero para realizar el servicio militar y a continuación para trasladarme a Valencia, donde estuve 8 años contratado como hidrogeólogo en la empresa Eptisa, hasta que, finalmente, me incorporé al IGME para dirigir su unidad de Murcia, funciones que ya llevo desempeñando hace algo más de 26 años.

Mis contactos con el Profesor Fernández Rubio en estos 37 años han sido esporádicos y se han limitado a coincidencias en congresos y reuniones científicas, en los que he comprobado que no solamente no han disminuido, sino que se han acrecentado sus habilidades pedagógicas y de gran comunicador, pues ha supuesto un verdadero placer escucharlo en cualquier conferencia o charla. Sus exposiciones, además de gran interés por los temas expuestos, siempre son enriquecidas por las técnicas audiovisuales que emplea, llegando a veces incluso a utilizar simultáneamente varios medios.

En síntesis, mis recuerdos de Rafael Fernández Rubio son los de un profesor interesado no solo en enseñar académicamente a sus alumnos, sino en transmitirles el espíritu social y práctico de las materias, para tratar de despertarles una verdadera ilusión por aprender y aplicar a la sociedad sus conocimientos. En definitiva, un gran y querido Profesor.


Ramón Aragón Ruega. Licenciado en Ciencias Geológicas. Diplomado en Hidrogeología. Pertenece a la Escala de Titulados Superiores de Organismos Públicos de Investigación (Ministerio de Ciencia e Innovación). Hidrogeólogo Jefe de Proyecto, en Eptisa (Valencia, 1978-1986). Jefe de la Unidad del IGME en Murcia (desde 1987), responsable de proyectos y estudios hidrogeológicos.
Colaborador docente hidrogeológico (Univ. Murcia y Cartagena). Participación en jornadas y congresos nacionales e internacionales; autor de numerosas comunicaciones y publicaciones. Miembro de comisiones y grupos de trabajo en temas hídricos y medioambientales; vocal en órganos de gobierno y planificación del Organismo de cuenca del Segura; representa al Ministerio de Economía y Competitividad en la Junta de Gobierno de la Confederación Hidrográfica del Segura.

Correo electrónico: r.aragon@igme.es