sábado, 16 de febrero de 2013

Por las dehesas salmantinas

Este relato, una vez más deslavazado e incompleto, surge tras apenas dos días de trabajo intenso en plenas dehesas salmantinas, junto al Campo Charro, acompañado por David Lorca y Julio Verdejo, discípulos y compañeros.

La dehesa salmantina da para mucho andar, mucho ver y mucho disfrutar. Da para respirar profundo, para limpiar la mirada, para purificar la sangre, para alabar al Creador y, cuando se terminan esos dos días de recorridos entre encinares y arroyos, y se monta uno a las grupa del 4x4 de David, para retornar a los cuarteles de invierno, los recuerdos se van rumiando, se van digiriendo, se van sedimentando, se van amando...


Y el corazón vuelve henchido por haber podido disfrutar de uno de los ecosistemas más singular y mejor conservado de la Península Ibérica, que se extiende por más de 350.000 hectáreas de terrenos de dehesas, en tierras salmantinas, dando cobijo a más de 275.000 unidades ganaderas, a las que de una u otra manera están ligadas muchas familias de estos entornos, que cuidan con primor de estas tierras, y se responsabilizan de su conservación.

La visita, en pleno invierno, no encuentra el mejor escenario, que llegará allá por abril o por mayo, cuando con la primavera se despierte la vegetación, se afane la fauna por traer descendencia, y se abran las menudas flores del campo para ofrecernos mil olores y mil colores.

Ahora, eso si, los arroyos y regatos están exuberantes; las charcas y los lavajos repletos de agua de las pasadas lluvias; los encinares y los alcornocales esperando dormidos; el viento en calma y la luminosidad plena; los cielos azules y los suelos acolchados de hojarasca ocre; las aguas cantarinas y la soledad casi plena... ¡Qué obra tan maravillosa!, ¡que escenarios tan recoletos!, ¡que descansos al cansancio!,...

Gozada es contemplar a los terneros y a las vacas y a los caballos, con un campo todo suyo; pero también a esos cerdos ibéricos de bellota, buscando su alimento en un continuo andar, fuera de establos y corrales, para criar sabrosos jamones y paletillas y lomos...

Por donde anduve estos dos días no eran dehesas de toros bravos, ni de ganado ovino, si bien hay que atravesar cercas y cercas, que compartimentan la propiedad; portelas que cortan caminos y hay que abrir; alambradas que hay que saltar o pasar reptando,... y todo esto, que podrían parecer obstáculos no nos corta el paso, porque  se cuenta en general con una muy buena vecindad, cuidada con esmero por todo este mayoritariamente joven personal, que trabaja intensamente, finalizando los últimos toques de este proyecto minero, que muy pronto es de esperar se pondrá en marcha, con una planificación muy estudiada y prevista y cuidada en mil detalles.


Relaciones humanas las que se palpan y las que se viven, que son fundamentales, y que están consolidadas en el respeto y en la convivencia, pero también en la total observancia de las leyes, por todos los actores, y en la consideración de que la cooperación sólo beneficios puede traer, a estos entornos en los que la juventud no encuentra lugar de trabajo, acorde con las necesidades actuales, y una ilusión se ofrece ahora, al cobijo de este quehacer minero.


Pero permitirme insistir en lo maravilloso que es dejar volar la imaginación, cuando te abres paso entre melojos y quejidos, pero también cuando te encuentras frente a algún fornido alcornoque, con su gruesa corteza de corcho, y especialmente al discurrir junto a robledales y encinas centenarias (que algunas ya eran árboles allá por la Edad Media). Sus troncos retorcidos, con geometrías tan extrañas; sus líquenes que recubren sus ramas, y parecen llorar sus lágrimas; sus hojas haciendo alfombra en los suelos y dando cobijo a una microfauna que, minuto a minuto, cubre sus cometidos; sus raíces dando alimento a los jabalíes y preservando de la erosión...


Allá abajo, en los arroyos y los regatos, donde todo se conserva en su estado más pristino y original, son las fresnedas las que se hacen centenarias, las que hoy sin hojas aguardan a la primavera. Aquellos fresnos que un día sirvieron para construir los arcos de tantos Robin Hood de los bosques, y los mangos de tantas herramientas pero que, más recientemente, se utilizan, por su gran fuerza y resistencia, para los bates de béisbol y de críquet.



Aquellos fresnos que, en la mitología nórdica, sirvieron para crear al primer hombre: Ask; fresnos que, en Inglaterra valdrían para curar el raquitismo o quitar las verrugas; fresnos que, en Sussex, se conocían como "hacedores de viudas", porque sus grandes ramas, con frecuencia caen sin advertencia. Fresnos de cuyas hojas los pastores hacen infusiones laxantes y diuréticas, o las mezclan con otras plantas para hacer una tisana antirreumática. Fresnos de los que ha salido el armazón de muchas máquinas, y con los que se han construido muchas escaleras, o que han servido para fabricar ruedas y carrocerías... ¡cuánta sabiduría popular que se va perdiendo!


Y lo que no me cabe duda es de que los griegos, que en eso de la mitología eran más listos que el hambre, supieron que las melíades eran las ninfas nacidas del fresno, mientras que las driades eran las ninfas nacidas del roble. Yo creo haberlas visto aquí, escondiéndose donde la vegetación se hace más impenetrable, pero, al acercarme en ellas se han esfumado o se han recreado de nuevo en fresnos y en robles... se que me estaban mirando, que mil ojos contemplaban lo que hacía, pero no eran visibles; tendré que volver a la luz del plenilunio, al arrullo del agua, al amor de fogatas y candiles, para soñar despierto, mientras que las brujas barren con las escobas los senderos, para atraer a intrépidos soñadores hacia sus aquelarres y sortilegios.

Y bajemos de nuevo, una y otra vez allá, al frescor del agua de riberas y regatos, a sus fresnedales, hoy desnudos de hoja (esperando el renacer de la primavera), abriéndonos paso difícilmente por los setos de zarzas enredadas, que te atrapan la ropa; saltando sobre troncos podridos y resbaladizos, que fueron arrastrados por las lluvias, para enriquecer al suelo; pisando alfombrillas de musgo, que recubren con primor a las rocas, y a esas rocas "piedras caballeras" apiladas en las laderas, en equilibrio inestable, que lloran sus aguas cutáneas...

Rocas que aquí tienen millones y millones de años, en su existir, y que incluyen desde los granitos hasta las pizarras y esquistos, pasando por las cuarcitas, que han sufrido los efectos de las presiones tectónicas, y del metasomatismo, y que han recibido, desde lo más profundo, a los fluidos magmáticos portadores de los minerales radiactivos.

Rocas todas ellas que se ven cubiertas por relictos recubrimientos miocénicos, que muchas veces quedan como testigos en zonas elevadas, para recordarnos a aquel lago que inundó a la Depresión del Duero, hasta que las aguas entallaron, con tesón, a rocas bien consolidadas y competentes, allá por Los Arribes, en tierras zamoranas y portuguesas, deseosas de desembocar en el océano Atlántico.

Y, dentro de este contexto litológico, espectacular es el tránsito del río Yeltes por los berrocales graníticos, donde esta roca se ve hoy expuesta en superficie, olvidando que se consolidó a partir de un magma profundo ascendente, en forma de enorme gota invertida, dando lugar a una solidificación muy lenta, y a gran presión, antes de alcanzar la superficie. Allí se fueron desagregando, más o menos, sus tres componentes bien conocidos: cuarzo, feldespato y mica.

Luego, la implacable erosión, lenta pero constante, lo ha hecho aflorar, para regalarnos hoy paisajes y formas tan peculiares, tan características, tan sólidas y consistentes. Se trata de un verdadero laboratorio de geomorfología granítica, desconcertante y sorprendente, donde la imaginación puede volar y volar frente a tantas formas originales e insólitas, esculpidas con arte y maestría, por un agua que no tuvo prisas en su empeño, y que vio pasar impertérrita a decenas y centenas de cambios climáticos, que fueron dando su golpe de gubia y cincel, esculpiendo su impronta escrita en las caprichosas morfologías.

En ese tránsito del río, con tajaduras verticales, con  grandes bolos listos para rodar pendiente abajo, el río ha formado las peculiares "marmitas de gigante", piletas verticales perforadas por el lento pero implacable girar de piedras, movidas por el agua.

Y aquí, también, a la orilla del río, junto a algunos de esos balsones de agua, se extienden playas de fina arena, depositada tras las crecidas.

En pleno enclave granítico (en realidad se trata  de las granodioritas de Bañobárez), a favor de una falla regmagenética profunda, surge un agua termal, a unos 45º C, que ha dado origen al balneario de Retortillo, en un enclave de singular belleza. Son aguas de facies bicarbonatada sódica, con elevado contenido en sílice y en flúor, como es normal en aguas termales.

Los romanos, que en esto de las aguas termales eran más que listos, ya las aprovechaban como termas, tal cual  lo atestigua un ara votiva, dedicada a Aquis Eletesibvs, hallada y conservada en el Balneario de Retortillo, que traducida  dice "Eaco, hijo de Albino, cumplió gustoso el voto de erigir un altar a las aguas del río Yeltes"

Por aquí están abiertas las páginas al mejor recuerdo de los conocimientos de la botánica, al contemplar a los bosques esclerófilos de pastoreo, que albergan a las mejores dehesas, pero también a los de hoja caduca de quercus, en sus diferentes variedades (robur, pyreniaca, faginea, rotundifolia), y a esas fresnedas, tan húmedas en este momento, que perderán sus aguas antes de llegar al verano, porque el suelo no es favorable a la presencia de acuíferos que puedan sostener un "caudal de base".

Pero al contemplar, tan en vivo y en directo, el sorprendente orden que existe en la Naturaleza, no puede dejar de llamar la atención el concierto y cadenas de interdependencia, cuyas funciones son imprescindibles para que todo se desarrolle en plena armonía.


Es más, la pervivencia parecería aquí imposible, con suelos tan pobres, desarrollados mayoritariamente sobre pizarras y granitos, sin apenas materia orgánica, condiciones que no favorecen siquiera la existencia de esta rala cobertera herbácea, circunstancia ésta a la que se suma una adusta y huraña climatología, de largos y calurosos veranos, y de fríos y húmedos inviernos.

Así es que la dehesa es casi un milagro de supervivencia, y es fruto de un sabio quehacer humano, aprendido en siglos de existencia, en el que, a partir de un primitivo bosque de encinas, el hombre lo ha ido aclarando, para que dé más y mejores frutos, controlando al mismo tiempo a la cobertera arbustiva, para tratar de estabilizar ese mínimo pastizal que, al recibir más radiación solar y estar menos sujeto a la competencia de los arbustos, permite desarrollar un  pasto que pervive para poder  ser aprovechado por la ganadería.


Este es el quehacer de este recio castellano, sacrificado en su trabajo, que día a día ve fructificar a su tierra, con el sudar de su frente, el laborar de sus manos, el imaginar de su mente,... ¡ojala no se pierda este quehacer! ¡ojala hombres y mujeres hagan con su empeño que pervivan para siempre las dehesas salmantinas! En ellas podemos rendirnos a la evidencia de que ¡Dios existe!


domingo, 10 de febrero de 2013

Fuego en las entrañas del Atlántico: Las Azores

Arden las entrañas de la tierra, hierve el proceloso océano, borbollean los furores del averno, se abren las grietas de la Pangea, en estertores de partos dolientes...

Y allí, a mitad del océano Atlántico, como flota de carabelas conducidas por argonautas, en busca del vellocino de oro; allí nueve islas surgieron del fondo oceánico, para dejar constancia de esa profunda fractura creada por la deriva de las placas, por donde lloran lavas que levantan penachos de vapor y roca, escalando aguas insondables, hasta otear horizontes infinitos de azules de aguas y de cielos, levantando aquí la montaña más alta de Portugal, con sus 2.352 m (Volcán de Pico).

Y aquí, en el grupo oriental de esta escuadrilla de islas, casi cerrando  la retaguardia, espaciosa y exuberante, la Ilha de São Miguel, destino hoy de mi relato, con el recuerdo vital de sus aguas, y sus geologías, y sus montañas, y sus valles, y sus lagos, y sus gentes... Relato seguro inconcluso, porque de contar hay tanto que aburriría al lector más recio, más aguerrido, más inconsciente  y, por supuesto, aburriría a las aguas, y a los vapores, y a los profundos efluvios...

Porque pocos destinos habrá más atractivos, en este espacioso mundo, ni que puedan encadenar  más a quien sueña en el agua, vive del agua, y se ve burbuja minúscula perdida en el líquido elemento.

Pero la verdad es que, aunque soy un poco viejo, otros se adelantaron y, cuando quise acordar, allá por la década de 1420, setenta años antes de que Colón llegase a América, capitanes portugueses arribaron a estas islas, dieron voces, llamaron a la puerta y nadie respondió, porqué ningún humano las habitaba, con lo que poner la bandera de Portugal les fue sencillo. Luego empezarían a llegar pobladores procedentes del Alentejo y del Algarve portugueses, pero también de Francia y de Flandes... Y, como hoy no toca hablar de batallas, no voy a decir que D. Álvaro de Bazán  echó de allí a los franceses...

Pero de estas islas  en mis estancias  sólo puedo hablar de la  San Miguel, con sus casi 780 km2 de superficie, y cuya capital es Ponta Delgada, la mayor ciudad de las Azores, con casi 65.000 habitantes, emplazada en el litoral meridional, y a donde se arriba en cómodo vuelo desde Lisboa.

Lo primero grato, al poner pie en tierra, en el Aeropuerto Jõao Paulo II, es la temperatura reflejo de sus condiciones oceánicas subtropicales, con elevadas precipitaciones, que se acercan a los 1.000 mm (y se distribuyen con bastante homogeneidad a lo largo del año), y temperaturas suavizadas por la humedad y la corriente cálida del Golfo, responsables de la densa vegetación de floresta nativa subtropical, de su baja oscilación térmica anula (apena 7,6 º C), y de esas templadas aguas marinas entre 16º C y 25º C.

Y, ya en la capital, en sus orígenes sencilla aldea de pescadores, es grato pasear por su barrio histórico, con aceras pavimentadas de negro y blanco, y sus interesantes edificios de los siglos XVII al XIX, que incluyen iglesias de bella traza, construidas tras aquel terremoto de 1522, que la devastó, no dejando piedra sobre piedra.

Al salir de la capital, por la autopista que cruza la isla de sur a norte, en la parte más estrecha, y perderse por tantas rutas recoletas interiores, inmediatamente llama la atención la exuberante vegetación, que alberga muchos endemismos protegidos, relictos de la Era Terciaria, que desaparecieron en Europa durante las glaciaciones, y que aquí se acompañan de  densa cubierta subarbustiva con grandes helechos y arbustos. Fruto de unos cielos que acarician con sus brumas, que dejan rutilantes perlas de agua en sus llorosas hojas.

Y el otro aspecto a destacar, para quien discurre por esta isla, no grande pero no pequeña, es la proliferación de lagos y lagunas, muchos de ellos ubicados en fondos de calderas y cráteres volcánicos recientes y con su calor latente, marco de una gran belleza paisajística, de verdor y flores, que invitan a mirar sin prisa, dando todo el recreo a la vista, pero también a los otros sentidos capitales.

En el paseo por este entorno todo llama a pisar quedo y sin alboroto, para no despertar a la cohorte de dragones dormidos, prestos a vomitar sus chorros de fuego, de relámpagos y de truenos, que convulsionarían a estos remansos de paz y de
sosiego, de tranquilidad y reposo, solaz para el espíritu andarín e inquieto que tan dentro llevo.

Lugar dicen que es éste para "matar saudades", lugares estos que, sin lugar a duda, moldean al espíritu calmado de los habitantes de estas islas, en las que debió estar un pedazo de aquel Paraíso que, perdido, vamos encontrando a retales, disperso por tantos rincones del globo.

Y aquí, en sus frondosos bosques, que más parecerían un paisaje alpino, el agua y la vegetación siembran juntos sus colores y sus sonidos, para ofrecernos el descubrimiento de esas cascadas que nacieron en los cielos, discurrieron entre árboles, se despeñaron por las rocas, sembraron riqueza y, sobre todo, Naturaleza. Aguas que, en su infatigable quehacer, hacen del ciclo hidrológico una renovación de la vida, un canto a la esperanza, un renacer de las ideas, y una llamada a la conciencia para grabarnos a fuego la necesidad de cuidar del entorno, para hacer compatible el progreso con el desarrollo sostenible.

Y, si de pasear hablamos, en esta isla, convencimos quedamos de que, parafraseando a  las odas de Don Jorge Manrique, todos los caminos van a dar a la mar, con sus escarpes verticalizados, modelados en las rocas volcánicas, merced a sus grietas verticales de retracción. En esa cintura, marítimo-terrestre, el verde se extiende en prados y mil prados, hasta agotar a la planicie y llegar al borde del acantilado, para dejarse lamer por las espumas del oleaje, para dejarse acariciar por las brisas de los mares, para dejarse volar hasta horizontes infinitos...

La verdad es que disfrutar de estos parajes, y dejarse llevar por sus encantos, es todo un placer que no se paga con dinero, sino con afectos y con ilusiones, con un detenerse para seguir caminando, con un reflexionar para afianzarse en lo que es fundamental, no es caduco y pasajero, trasciende a los vaivenes del tiempo, se consolida con esmero.

Pasamos por esta vida terrenal, camino de ilusiones futuras y debemos, de vez en cuando, de echar el freno, cerrar los ojos y mirar al cielo...

Otro aspecto, que no pasa por alto, a quien viene a estas tierras atendiendo a quehaceres académicos y científicos, es el relativo a la producción de energía geotérmica, fuente principal de abastecimiento energético en la isla, con un ascenso muy notorio, y con muchas posibilidades de incremento, lo que hace que las energías renovables supongan un alto porcentaje en el "mix" energético. Digna de vista es la explotación geotérmica de alta entalpía en Ribeira Grande y Pico Vermelho, que cubre casi el 40% de las necesidades de la isla.

En este quehacer anda muy envuelto un excelente amigo y eurogeólogo: el Prof. José Martins Carvalho, con quien he recorrido, muchos de los idílicos rincones de esta isla, junto a su mujer Alda, y quien me ha adentrado en las tecnologías de investigar y captar este calor profundo, inagotable, que abastece de energía a esta isla, perdida en mitad del Atlántico océano. Junto a ellos, es de justicia agradecer todos los apoyos de Jõao Carlos Nunes, Director Científico del Instituto de Inovação Tecnológica dos Açores (INOVA).

Y contando, contando, no he contado lo que quería contar... ¿qué hacer? ¿interrumpir el relato? Tal vez sería lo correcto pero, haciendo algo incorrecto, voy a seguir para aquellos lectores dispuestos a llegar al final. A los que aquí abandonan su lectura: ¡gracias por habernos acompañado en este largo trecho! A los que siguen les regalo estas hortensias azules y rosas, que tanto se ven en carreteras y setos de la isla.

Ahora que somos pocos vamos a justificar el título de este relato, que nos llevará al descubrimiento de tantas aguas calientes e hirvientes, por el efecto de las cámaras magmáticas profundas, alojadas en la dorsal oceánica, que separa a América de Europa.

Y aquí uno se puede perder por mil lugares, para verse sorprendido por esos vapores de agua que, en tantos puntos, surgen entre la floresta, con su correspondiente arco iris. Vapores que ponen de manifiesto que allí un agua hierve, una fractura profunda da lugar a multitud de nascentes, con aguas en ebullición, como recién sacadas de las calderas de Pedro Botero, con su infierno flamígero, en el que azufre incandescente y la pez hacen hervir al agua.

En Furnas el espectáculo es sorprendente; desde cada ángulo, desde cada hueco, bajo cualquier piedra. ¡Qué derroche de energía! y ¡qué sorprendentes son las fuerzas telúricas!. Tenemos un planeta, que un día fue astro incandescente, que en su juventud paseó por los espacios infinitos sus ascuas, a miles y miles de grados, y que ahora más sosegado (aunque no siempre), muestra de vez en cuando sus ardores y sus retortijones de tripas, para que no le perdamos el respeto, para que nos sintamos empequeñecidos y hasta liliputienses.

Porque, no en vano, aquí chocan  la placa americana, la euroasiática y la africana (the Azores Triple Junction) y, por ello, es una región de gran actividad sísmica y volcánica, en la que se han registrado 26 erupciones, en tierra y submarinas, desde su descubrimiento en el siglo XV.

En este contexto, en la Isla de San Miguel hay tres sectores de vulcanismo activo, que han producido explosiones traquíticas: Sete Cidades, Furnas y Fog/Água de Pau, con presencia actual de manantiales termales y fumarolas.

Y estas aguas y estas fumarolas son consecuencia de corrientes de convención, por las que aguas de origen meteórico alcanzan cierta profundidad, en estas anomalías geotérmicas, entrando en ebullición para, en una ascensión rápida, volver en forma de vapor a superficie,  repitiendo una y otra vez los bucles cerrados de subciclos hidrológicos.

Lugar ideal este para que acudieran tantos participantes al III Foro Ibérico de Termalismo, tras las ediciones de Madrid y de Oporto, que tuve la satisfacción de organizar aquí y allí, contando una vez más con el total apoyo de muchas y muchos colaboradores, que en mi memoria ocupan lugar preferente.

Participantes que se enriquecieron en su saber y conocer, pero que también encontraron tiempo para la tranquilidad, y para embeberse en los colores tenues, casi de acuarela, de tantos paisajes íntimos e inéditos, y casi diría espirituales.

Pero volvamos a esas aguas que nos esperan, que fluyen y fluyen, que no siempre son hirvientes, porque en muchos otros lugares son calientes, como en el Parque Temático de Terra Nostra, ideales para el baño relajante, y hasta para aplicarse esos tratamientos terapéuticos o termoterápicos, hoy tan en boga, de fangos o peloides aquí naturales, que no otra cosa significa en griego la palabra "pelòs" (πελδς), que fango.

Y, por supuesto,disfrutamos del  famoso "cozido das Furnas", preparado a lento calor geotérmico, durante muchas horas, bajo tierra. Para ello colocan en una olla grande y honda de aluminio, un primer estrato de carne picada de vaca y de cerdo, en pedazos grandes, con sal; encima un segundo estrato compuesto por pedazos de pollo, con su piel, morcilla negra y chorizo picante; el siguiente estrato es de batata dulce y patata blanca, peladas y en pedazos grandes, a lo que se añade repollo blanco cortado en cuartos y zanahorias... a lo mejor he cometido algún error en la secuencia de este conjunto "sedimentario" que, con el placer de tan buen yantar, se me olvidó.

Se ata bien la olla y se introduce bajo tierra, dentro de uno de aquellos cilindros huecos de hormigón, de unos 80 cm de profundidad, con agujeros laterales, que nos asigna el empleado de la Junta de Freguesia (Ayuntamiento) de Furnas, quien nos entregará el número del agujero, para luego ir a desenterrarlo. Se cierra el cilindro con tapadera de madera, y se cubre con arena...

En 7 u 8 horas se destapa, se saca la olla y a comer, con un delicioso pan... Un día es un día, y un placer único, como éste, se debe disfrutar sin amargarse de cuánto engordaremos (aquello que decían de que lo bueno o es pecado o engorda).

Pero de aquí, además de la delicia gastronómica me el recuerdo de un aprovechamiento delicioso de la energía geotérmica, en directo, sin intermediarios, natural - natural y, además, todo ello envuelto en ese misterio de aquel vapor de agua saliendo del suelo y subiendo al cielo, a la hora bruja de la noche...

Y, tras esta suculenta comida, regada con un buen vino hay que saborear un buen chá (té), que produce la familia Gago da Cámara, en su cuidada plantación, tan famosa en esta isla, y en tantos lugares a los que se exporta.

Pero antes nos dejamos ilustrar acerca de que las diferencias en el té derivan de la hoja que cortamos: el té "Preto" (negro) corresponde a la última hoja, suave y con poca teina; el Orange-Pekoe (naranja), se obtiene de las hojas más tiernas, siendo ligero y aromático; el Pekoe, procede de la segunda hoja, siendo más fuerte y menos aromático;  el Verde es fuerte y contiene mucho tanino.

Y nos vamos con nostalgias, saudades, morriñas, melancolías y añoranzas... pero nos vamos con el corazón lleno, una vez más, de vivencias, de nuevas amistades, y de otras viejas que se remozan, se revitalizan, se renuevan y rejuvenecen, y que acompañarán siempre en el caminar por las veredas de la vida, por los paisajes del encuentro, por los atardeceres de paz espiritual y reposos del alma...

Todos vosotros sois, de verdad, ¡AMIGOS PARA SIEMPRE! ¡Que Dios os bendiga!



viernes, 8 de febrero de 2013

Las aguas de minas abandonadas: un recurso energético

Antoni Baron Pladevall. Dr. en Ciencias Económicas. Prof. de ESADE Business School


Estoy encantado de participar en este blog, de mi gran amigo y maestro Rafael Fernández Rubio, premio Rey Jaime I a la Protección del Medio Ambiente, que ha tenido la gentileza de aportar las imágenes que lo ilustran de su fototeca personal, al tiempo que agradezco a José Albert Beltrán sus aportaciones.

En gratas  conversaciones  que hemos mantenido, sobre la funcionalidad de las minas, cuando llega el fin de su explotación, coincidimos plenamente en las utilidades que se les puede dar (para atender necesidades de la sociedad). Y en este sentir voy a plantear una perspectiva positiva y ecológica, como este bloc manda.

La clausura de toda actividad minera constituye un problema económico, para la zona geográfica donde está enclavadas, originando frecuentemente una recesión de las actividades económicas.

En las minas profundas, por debajo del nivel freático, el cese de la actividad minera comporta su inundación, dejando toda la infraestructura minera sin posibilidad de conseguir una actividad alternativa como refugio, museo, almacén, etc.

En este contexto nos encontramos con otra realidad: Europa lleva siglos empeñada en la búsqueda de fuentes de energía y, en los últimos años, en el aprovechamiento máximo de la eficiencia energética y de las energías renovables. Estas acciones fortalecen las economías nacionales, reduciendo la dependencia de los combustibles fósiles, en buena parte concentrados en terceros países, tras la explotación y casi agotamiento de los recursos fósiles propios. Todo ello en un marco en el que, hasta el momento, ha prevalecido la energía térmica (carbón y gas), la hidráulica (represamiento y saltos) y la energía nuclear.

Por otra parte, a finales del siglo XX se comenzó a cuestionar el modelo energético imperante, por dos motivos:
  • problemas medioambientales derivados de la combustión de combustibles fósiles: contaminación en las zonas de producción energética y calentamiento global del planeta, y
  • rechazo de amplios sectores ciudadanos y políticos al uso de la energía nuclear.
En este contexto la eficiencia energética y las energías renovables ayudan a reducir los impactos medioambientales, y en este contexto el agua se utiliza para generar energía sobre dos concepciones: la energía hidráulica (basada en  ríos, embalses y saltos) y la incipiente energía mareomotriz (basada en agua de mar).

Sin embargo, el agua subterránea de mina es utilizada como fuente de energía térmica sólo en casos anecdóticos. Siempre que se piensa en el agua como fuente térmica de energía se ofrece como referencia a los balnearios (que usan directamente esta fuente de energía), o a los aprovechamientos de aguas de muy alta temperatura, para producción de energía eléctrica geotérmica.
  
 



Otros no abordan el tema al pensar que el agua, por ser un bien escaso, debe servir para las necesidades de abastecer al  riego y al agua de boca para la población, olvidando que cubrir estas necesidades es compatible con la utilización del agua subterránea como fuente de energía térmica.

Con esta perspectiva, es evidente que podemos utilizar el agua térmicamente, bien para la obtención de frío (refrigeración o disipación de calor), bien para la utilización de calor (calefacción), dependiendo del balance térmico agua - atmósfera.

En este marco es fundamental resaltar que las aguas subterráneas adquieren una temperatura que es función de la profundidad a la que se encuentran, pasando de la temperatura media ambiental de la atmósfera (profundidad de la denominada “zona neutra”) a aumentar una media de 3º C por cada 100 m de profundidad (gradiente geotérmico), variable en función de las características del terreno.

En la Península Ibérica (España, Portugal) y de manera general, la temperatura del agua subterránea se incrementa desde más o menos 10-15 metros de profundidad (donde puede encontrase a una temperatura constante del orden de unos 15º), para alcanzar temperaturas de 24 a 25º a profundidades de 300 a 400 metros. Y esta agua subterránea se nos ofrece así como un inmenso acumulador térmico, totalmente renovable.

Una de las aplicaciones de  esta fuente de energía, requiere  de un sistema de captación adecuado (conductos cerrados de agua y una “bomba de calor”), para poder transferir calor a una fuente de cincuenta grados, que servirá para abastecer la calefacción, y para obtener agua caliente sanitaria de los edificios.Invirtiendo el sistema se puede utilizar como sistema de refrigeración en verano.

Por tanto, el sistema proporciona una solución integral a la necesidad de climatización y agua caliente sanitaria. Asimismo, el sistema no sólo puede utilizarse en viviendas y oficinas sino que tiene multitud de aplicaciones industriales: granjas, secaderos, cavas, piscinas, hoteles, hospitales y aplicaciones industriales muy diversas, donde la aportación de temperatura constante sea un requisito necesario.

Otra de las aplicaciones posibles, es la disipación de calor en procesos industriales que requieran de ello. Es una solución alternativa a disipar por el aire, con la consecuente contaminación calorífica del mismo.

Las principales ventajas del sistema, utilizado como sistema de climatización o como disipador, son las siguientes:
  • Ambientales: no son necesarios intercambiadores con el exterior del edificio; no producen contaminación sonora en el exterior; desaparece el riesgo de generar legionelosis; el edificio deja de contaminar en la utilización de su energía.
  • Arquitectónicas: No se requieren conductos de evacuación de gases o chimeneas.
  • Confort: El funcionamiento continuo del sistema de climatización proporciona un grado de confort óptimo.
  • Económicas: Se presenta como un sistema de climatización muy eficiente con ahorros del 50 al 80%.
  • Técnicas: Optimiza el funcionamiento de la bomba de calor en temperaturas exteriores extremas.
Así, el recurso de las aguas subterráneas mineras se nos ofrece como una energía de alta eficiencia energética y renovable; ya que se genera a través de los flujos de energía natural de la tierra y, por consiguiente, ni requiere de combustión ni produce emanación de gases de efecto invernadero.

El planteamiento no es generar energía, sino ofrecer calefacción y/o refrigeración de forma muy eficiente y con prestaciones medioambientales extraordinarias.


Los posibles usuarios se corresponden con edificaciones, tanto en el campo residencial como terciario (comercial y servicios), con industrias donde sea necesaria la obtención de una temperatura constante, por debajo de 50º C, o con procesos industriales que necesiten dispar grandes cantidades de calor.

Las principales ventajas del aprovechamiento energético, de las aguas de minas inundadas abandonadas, son las siguientes:

  • Muy bajo impacto medioambiental
  • Nula emisión de CO2
  • Excelente imagen pública
  • Ahorro energético
  • Confort y calidad en el servicio
  • Fiabilidad del sistema
  • Excelente retorno de la inversión
  • Valor añadido al edificio
Como colofón podemos destacar que la disponibilidad de agua subterránea minera, como fuente energética de calor, es mucho más común de lo que los potenciales usuarios se pueden imaginar.

En España se utilizan intensamente las aguas subterráneas como recurso hídrico, para atender a los regadíos, y a la demanda industrial, así como para abastecer de agua a grandes y pequeñas poblaciones. También se extrae agua en profundidad para drenaje minero, y existe una serie de minas inactivas, inundadas tras la clausura de la explotación, en las que la utilización del agua como recurso energético es un recurso por explotar.


sábado, 2 de febrero de 2013

Eva Arias de Sologuren, Presidenta de la SNMPE de Perú


Me llega la muy grata noticia de que esa gran empresaria minera, peruana, que es Eva Arias de Sologuren, acaba de ser elegida ayer Presidenta de la Sociedad Nacional de Minería, Petroleo y Energía (SNMPE) de Perú.

Eva  no es nueva en la SNMPE, ya que ha sido Presidenta de su Comité Sectorial Minero y Vicepresidenta de esta Institución y es así que, por su trayectoria y buen hacer, recibe ahora la confianza para dirigir los derroteros de esta sociedad hasta el 2015; nuevo reto, del que saldrá gloriosa, y en el que le quiero hacer llegar ese dicho de los mineros alemanes, al salir de las tinieblas y ver la luz del día, ¡Eva Gluck auf!


Lo que es novedad es que, a lo largo de los 117 años de existencia de esta bien reconocida entidad, es la primera vez que una mujer va a regir sus destinos. Conociéndola le puedo augurar logros importantes en su mandato, junto al equipo de colaboradores, que le permitirán repetir aquí lo que es su excelente quehacer y brillante trayectoria, como Presidenta del Directorio de Compañía Minera Poderosa.


Este nombramiento ha traído inmediatamente a la memoria tantos gratos recuerdos de aquellas tierras hermanas, en las que siempre he recibido el ciento por uno, donde ir es un venir, donde encontrarse es encontrarte, donde hablar es amar...

Y recordando a Eva Arias, han renacido todos los inolvidables momentos vividos en la ciudad de Trujillo (Perú), al cobijo del V Congreso Internacional de Mujeres en Minería, del que ella fue Presidenta del Comité Organizador, regalándome muchas muestras de amistad...

No era la primera vez que tomaba contacto con este increíble grupo de mujeres (antes conocí bien su quehacer en la XXVII Convención Minera de Arequipa).

Integradas plenamente en el entorno de la actividad minera, llevan adelante una labor sobresaliente, plena de entusiasmos, con entrega a los objetivos sociales y ambientales. Especialmente me ha llamado la atención comprobar sus cuidados con la población indígena, de esos entornos mineros en los que actúan y, también, su extraordinaria valía y capacidad, en este duro y difícil quehacer del día a día en la minería, donde el rol de la mujer es trascendental... Tal vez entre sus iniciativas una que caló a fondo, como docente, es la relativa a los esfuerzos que estas mujeres dedican para recaudar fondos, con los que  poder becar a estudiantes, de escasos recursos y buen rendimiento académico, en carreras afines a las ciencias de la Tierra... ¡Más de 500 becas de pre-grado y, por lo menos, 10 becas de post-grado!.

En este Congreso, a mitad de septiembre del 2008, tuve el honor de impartir una "Conferencia Invitada" sobre "Rehabilitación de Espacios Mineros: Experiencia Internacional", y allí compartí de nuevo pensamientos e inquietudes con excelentes amigos como el que era primer Ministro del Ambiente de Perú, Antonio Brack, o con ese ya también viejo amigo que es Carlos F. Aranda, o las inigualables parejas de Mario Cedrón Lassús y Susy, e Isaac Ríos Quinteros y Dorita, y muchos más que guardo en el baúl de los recuerdos.

Es interesante conocer, desde nuestras latitudes europeas, que estos eventos están organizados por la Asociación Femenina Auxiliar del Instituto Americano de Ingenieros de Minas, Metalurgia y Petróleo – Sección Perú (WAAIME), con más de 50 años de existencia en el Perú.

Estos congresos son muy propicios para abordar, en profundidad, aspectos tecnológicos y científicos, pero también para "ser lugar de encuentros de actores sociales y económicos y autoridades del país, en el que de manera participativa, se aborda el aporte de la minería , el cumplimiento de los objetivos del milenio, la generación de desarrollo sostenible y el acercamiento a experiencias destacadas”, en palabras de la propia Eva Arias. Pero también es lugar para disfrutar de la artesanía, joyería, textiles y una amplia variedad de productos desarrollados por diversas comunidades que conviven con la actividad minera, y que encuentran en estos foros lugar para ser dados a conocer.

Y viviendo esos encuentros también se goza, y mucho, de la gastronomía, y de la danza, y de la música, y de los olores y sabores de estas tierras tan queridas, tan amadas, tan hermanas...

Todos los sentidos vibran en su folklore, con esos trajes fruto del mestizaje  y sincretismo de elementos prehispánicos y de aquellos aportados desde tierras ibéricas, llegados durante el periodo colonial.

Aquí las mujeres transformaron el anacu inca por las tan vistosas polleras de algodón, y las blusas bordadas hasta con hilos de oro y plata, y caladas por dibujos de gran belleza; y los ponchos, de algodón, o de lana de vicuña, o de seda aquí en la costa, con figuras geométricas blancas sobre fondo rojo, o con otros mil coloridos. Acompañados por sombreros de lana o paja. o por pañuelo airoso en sus manos. Y, puesto que en la costa estamos, para gozar lo indecible con la famosa "marinera", danza de requiebros, de encuentros y desencuentros, de miradas intensas, de sonrisas picarescas, de pies descalzos y cuerpo bien erguido y bien derecho...

Estos encuentros mineros, que tienen lugar en Trujillo, Arequipa, Lima y otras localidades, permiten percibir, en directo, los esfuerzos de tantas mujeres y de tantos hombres en el laborar minero,... porque en la hermandad y apoyo mutuo está el verdadero espíritu de la minería. Ese es el quehacer que dignifica a esta profesión, alejado de otros  planteamientos que, con cizaña, buscan crear enfrentamientos y antagonismos, muy diferentes al espíritu de cohesión y de hermandad que nace del esfuerzo común, de la tarea de equipo, del espíritu de solidaridad... tan estrechamente ligado al duro esfuerzo de la minería.

Y otro día tocará hablar de la ciudad de Trujillo y de su entorno, con enclaves arqueológicos de extraordinario interés, pero también de su agricultura, y su pesquería, y su ocio y su recreo.